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Los Pilares del Estado, el carácter de la UGR y … Pilar, por Juan Niclós Gutiérrez

Reflexiones sobre la UGR

25/05/2015

En multitud de ocasiones, y en foros, coloquios, charlas y tertulias, reflexiono, en voz alta, acerca de lo que, a mi mejor parecer, son los pilares del estado: la educación, la justicia, la sanidad y las infraestructuras. Estos ámbitos debieran ser objeto prioritario del más amplio consenso político y social, de manera que quedaran soportados por los intereses generales y alejados de toda vendetta política. En los tiempos que corren, este sueño dista bastante de la realidad cotidiana y del “pan nuestro de cada día”.

La educación, en su más amplio contexto, engloba a la formación educativa integral de los ciudadanos, y a la investigación, fagocitando los horizontes propios de toda Universidad. Estamos a las puertas de la elección del candidato/a que ha de regir, con acierto, la Universidad de Granada, desde dentro y hacia afuera. La tarea no es poca, pero vivo inmerso en la esperanza de que, con el acierto de un equipo apropiado, la digestión será posible. Parece tan fácil como dividir para ganar, haciéndolo de forma coordinada. Esta amplia tarea engloba un delicado objetivo en la UGR, y en las demás universidades públicas, de las que me confieso tan abierto defensor como que pronto tendré, en mi haber, cuarenta años de vinculación a esta maravillosa universidad.

La cuestión no es otra que preparar y llevar a cabo la regeneración de su personal de plantilla. En lo que atañe a su PDI. A nadie se le escapa que un(a) profesor(a) o investigador(a) no surge de la generación espontánea, sino de un enriquecedor proceso de maduración, lento y concienzudo. Con esta premisa, la mal llamada tasa de reposición no es más que un infranqueable muro de retención para los más jóvenes, que inician sus primeras etapas en esta andadura. A nadie se le escapa, tampoco, que disponemos de gente joven con un enorme potencial, privados de expectativas y con mermados recursos para la investigación. A nadie se le escapa, en su fuero interno, que algunos de estos jóvenes sufren el desaliento de la situación actual, que les distrae de la dedicación, en cuerpo y alma, a su tarea formativa.

Este aterrador horizonte sólo se desdibuja por la ley del péndulo histórico. Si después de las vacas gordas llegaron las flacas… ¿por qué no pensar que después de las flacas llegarán otras gordas? Esta ley, sólo escrita en el cielo, no es nueva y se cumple inexorablemente. Pero, no por ello, los que constituimos el presente (y por tanto consecuencia de nuestro pasado y preludio de nuestro futuro) debemos quedarnos de brazos cruzados. ¡Arrimemos el hombro!, para que las vacas gordas nos visiten cuanto antes.

Me vienen a mi flaca memoria momentos… en donde el espíritu de la UGR lideraba el movimiento reivindicativo universitario, que hiciera llegar, por aquel entonces, vacas gordas, cargadas de los más profundos cambios y las más esperanzadoras perspectivas. En ese liderazgo destacaron diversas personas que, con el tiempo, fueron llamadas a asumir las más altas responsabilidades de la gestión de la UGR.

Terminaré estas líneas llamando a Pilar a incorporarse a este elenco de personas que supieron asumir, con gran acierto, el liderazgo del movimiento reivindicativo de las Universidades públicas. Cumple, con creces, los requisitos: esperar, preguntar y… llegar. Y ello porque es capaz de hacer sonar al unísono los tres órganos vitales de todo ser humano: La cabeza, el corazón y las manos.

Juan Niclós Gutiérrez

Catedrático de Universidad del Departamento de Química Inorgánica.

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Pilar Aranda Ramírez, por sus doctorandos y doctorandas

Reflexiones sobre la UGR

25/05/2015

Siendo honesto se me hace casi imposible ser objetivo con Pilar, no obstante como es una de las virtudes que ella más me ha remarcado en estos años, intentaré ser lo más ecuánime posible para dedicarte unas palabras de apoyo como agradecimiento mínimo por todo lo que me has dado desde el primer momento. Conozco a Pilar desde hace 8 años, desde el primer instante que la vi me transmitió POSITIVIDAD y CAPACIDAD DE TRABAJO desde el primer segundo, valores que sigue inculcando y que ha dejado estampado en todo su equipo de trabajo, ya sea alumnos/as de grado, doctorandos, doctores, secretario/a, administrativos, técnicos de laboratorio, etc. Y digo esto porque sí, porque para ella todos somos importantes, todos tenemos el mismo valor, todos somos iguales, en definitiva, TODOS CONTAMOS. Porque para ella no hay un problema más importante que otro, de hecho para ella no existen problemas, existen SOLUCIONES. No me cabe la menor duda que para estos tiempos que estamos sufriendo (y lo que nos queda…) no puede haber otra líder como Pilar para capitanear la dirección de nuestra institución y llevarla hacia donde se merece que es la EXCELENCIA, porque para llegar a ella se necesita una persona HONESTA, HUMILDE, BRILLANTE y con DEDICACIÓN y sólo tú Pilar reúnes todos estos adjetivos.

Mucha fuerza en está última y decisiva semana, para mi siempre fuiste, eres y serás Rectora y madre investigadora.

Daniel Camiletti Moirón

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Una universidad es una ciudad en sí misma y la ciudad que la alberga está bañada, quiera o no, de Universidad. En el caso de Granada, ambas comparten además belleza, historia, cultura y “atracción”. Granada es una de las ciudades españolas preferidas para vivir en las encuestas y su Universidad es pieza clave e inseparable del puzzle que conforma dicha seducción.

Al acabar mi carrera en la Universidad de Extremadura, hace unos diez años, llegué atraída por dicho imán. A lo largo de este tiempo, he pasado temporadas en el extranjero realizando estancias de investigación y a la pregunta de ¿de dónde eres? inconscientemente siempre he respondido: ¡de Granada! Esta respuesta no viene condicionada para nada por falta de orgullo hacia mis orígenes, sino porque, instintivamente, Granada y su Universidad te hacen “sacar pecho”.

Disfruto de la docencia, creo que es de las labores que más satisfacción me reportan actualmente dentro de mi profesión. Quiero una Universidad que la valore y no la castigue, que nos permita impartirla como merece. Por otro lado, me apasiona hacer Ciencia porque me hace sentir libre y es una ventana a la vida en sí misma. Aprender y generar pequeños granitos de conocimiento me hacen explorar la realidad exterior pero también, en cierto modo, a mi persona. Sin embargo, la Ciencia precisa de libertad y apuesta pública. Considero extremadamente peligroso cuando deja de serlo porque eso la obliga a navegar por intereses comerciales. Creo en el conocimiento Universal, de todos y para todos.

Pilar Aranda representa una universidad obligada a llegar a todos y que actualmente precisa de nuevo aire que la insufle en esa línea. Corren tiempos en los que quizás lo fácil es bajar la cabeza, pero confío en Pilar Aranda como la persona que sacará pecho ante el futuro.

A las personas las definen en su totalidad pequeños detalles. Yo he vivido de cerca mi formación pre y postdoctoral con Pilar de la mano y he de decir a su favor que está hecha de optimismo y de ilusión, corran los tiempos que corran. A nadie he visto alegrarse tanto, como una niña, corriendo por el pasillo de un departamento y gritando “¡nos han concedido un proyecto! ILUSIÓN y TRABAJO son los mejores ingredientes para insuflar de aire unos pulmones que precisamos para volver a sacar pecho, porque Granada y su Universidad, lo merecen.

Virginia A. Aparicio García-Molina

 

Hace dos años bajé al sur a estudiar aconsejada por un profesor y amigo, que sin dudarlo me recomendó trabajar con Pilar Aranda con quién seguro que aprendería más que con nadie. Tal y como ya me habían dicho, Pilar me recibió con los brazos abiertos, y no sólo me dejó entrar en un equipazo de investigación de deporte y salud sino que también me invitó a seguir con el proyecto en forma de tesis doctoral.

A estas alturas del doctorado, año y medio después, Pilar en plena candidatura y siempre con sus proyectos, reuniones e ideas arriba y abajo, personalmente no tenía muy claro hasta qué punto tendría tiempo para mí, una de sus doctorandas con mil dudas y nada claro. Hace unos días hablé con ella (uno de tantos días en los que saca tiempo para mí, de dónde no lo hay) y me di cuenta de que Pilar está en todo. Estaba perfectamente al tanto mi situación dentro del equipo, cómo llevaba mi tesis y en general la progresión de mi trabajo, además de todo lo que concierne a su candidatura y mil proyectos más en los que está metida. Lo mejor es que me escuchó con la proximidad de quién quiere prestar ayuda como un igual y no como una directora-casi rectora, y creo que así es en todos los aspectos de su labor profesional.

Me parece realmente admirable como Pilar es capaz de unir una excelente capacidad de liderazgo y carisma necesario para la figura de un rector con voluntad de cambio, con una proximidad individual al alumnado y a cualquiera que se le acerque a preguntar para compartir y entender desde dentro la universidad en toda su complejidad, siempre con intención de mejorar.

Irene Coll

Creo que el último año de doctorado es un buen momento para echar la vista atrás. Se cierra otra etapa, confluyen tus años de trabajo en una tesis que aúna tus esfuerzos y tus errores o despistes e, inevitablemente, te preguntas si lo que has vivido, aprendido o lo que has errado te ha servido para algo, si realmente has aprendido algo valioso tanto humana como profesionalmente. Y la respuesta es un SÍ rotundo. Terminas la universidad todavía siendo y sintiéndote estudiante ¿Trabajar? ¿Estoy preparado/a para esto? Y lo estás. No lo dudes, la universidad te ha servido, por supuesto, puedes entregarte al mundo laboral, confía en ello. Pero, ¿y si todavía tienes inquietudes? Yo entré al programa de doctorado casi sin proponérmelo, llamada por un máster que me sacaba de mi ciudad, de mi trabajo, hacia un lugar nuevo y, que al mismo tiempo sentía que completaba mi formación y me enriquecería como farmacéutica. El cambio valió la pena. Sin proponérmelo, lo repito, Pilar Aranda y su equipo me acogieron, me enseñaron y me dieron alas para hacer lo que realmente me gusta, educar, investigar, tratar con personas para demostrar que el cambio, apostar por la salud, es posible. Estas líneas son para darle las gracias, por motivarme, motivarnos, dejarnos soñar y apostar por nosotros. Porque creo que su entusiasmo nunca decae sino que crece con cada uno de nuestros logros, y porque ahora nos toca a nosotros sentirnos orgullosos de ella. Gracias.

Pilar Ruiz-Cabello

elena nebot

Conozco a Pilar desde que me enseñaba Fisiología patológica en el aula de la Facultad de Farmacia, hace ya 11 años, y continué con ella cogida de la mano durante mis estudios de Máster y posterior Doctorado, y post-doctorado. Fueron años en los que encontrábamos dificultades o adversidades, también muchas alegrías y buenos momentos, tanto en la vida académica como en la personal y, jamás, y repito jamás, me puso una mala cara, siempre me apoyó. Es una persona que, cuando la miras, sabes que puedes confiar en ella, nunca te defrauda, porque Pilar es una luchadora incansable por y para ayudar a los demás.

Pilar tiene el don de saber escuchar, y de hacer que las cosas sean posibles cuando son verdaderamente imposibles. Sin duda alguna, me cogería de su mano mil y una veces más, y con los ojos cerrados.

Y porque ahora es a mí a quién me toca recordar esta frase: “Que sean muchas las mañanas que arribéis a buen puerto”.

Gracias.

 Elena Nebot

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Mi apoyo a Pilar Aranda, por Manuel Pérez Yruela

Reflexiones sobre la UGR

24/05/2015

España y Andalucía han logrado en pocos años consolidar un sistema universitario público que cubre ampliamente el territorio y la demanda de formación superior de quienes están en edad de seguirla. Un sistema que representa un activo de primer nivel para el futuro del país. Un sistema que acumula buena parte del saber y del conocimiento que necesitamos para hacer frente a las incertidumbres, dificultades y exigencias de un mundo globalizado, cuyo destino nos incumbe a todos, pero exige de la universidad y del conjunto de instituciones sobre las que se asienta la sociedad del conocimiento, un esfuerzo especial para salir lo mejor posible de este trance. La universidad no tiene ya el monopolio de los saberes, pero destaca entre todos los que también los tienen por el valor y la cantidad de los que acumula y por su capacidad para acrecentarlos en un entorno público guiado por la excelencia y la libertad. Esa es su misión.

Hago esta reflexión para subrayar a continuación que, más allá del logro que supone haber consolidado este sistema y haber normalizado la situación española en materia de I+D en comparación con los países de nuestro entorno (aunque existan aún diferencias que hay que salvar), la universidad tienen que recuperar su papel de liderazgo intelectual en la sociedad para a hacer frente a esta nueva situación, como ya hizo frente a otras desde su fundación. No basta con que seamos capaces de desarrollar proyectos de investigación de vanguardia y publicar sus resultados en las revistas más prestigiosas, sin perjuicio de que sigamos haciéndolo mejor aún si cabe, que cabe. La universidad tiene que ser también un espacio viva para el análisis de los problemas de su entorno, para el pensamiento crítico constructivo necesario para ello y para expandir la cultura de la creatividad, la innovación, el debate racional, la tolerancia y la alianza solidaria, siempre tan fructífera, entre los que saben y los que necesitan y se pueden beneficiar de esos conocimientos. Como dijo François Rabelais “la ciencia sin conciencia es miseria del alma”.

Estas ideas no pertenecen a otros tiempos, siguen estando vigentes. Lo que sucede es que la Universidad se ha convertido en una institución pesada, burocrática, difícil de mover, cambiar y hasta gobernar eficazmente, pendiente en más ocasiones de las necesarias de los intereses gremiales de quienes la integran que de los intereses generales. Una institución en la que paulatinamente se ha ido perdiendo esa conciencia a la que se refería Rabelais, para dejar paso a una visión más instrumental, más técnica, más profesional, más egoísta.

Nuestra universidad necesita bastantes cambios, que no parece que sepamos cómo solucionar. Algunos debates recientes como el decreto sobre la duración de grados y másteres, o los intentos incompletos y fragmentarios de reforma que ha habido antes así lo ponen de manifiesto. Habría que tomar muy en serio esta situación y abordarla con un pacto de Estado que pusiera la Universidad a la hora del siglo XXI y sus problemas. No se trata de empezar de cero, sino de sacar más partido científico y social de una institución que por suerte hoy tiene buenos cimientos.

Cuando hay elecciones a Rector en cualquier Universidad hay quienes miran a los candidatos, yo también, para ver si tienen una posición proactiva ante estos temas, o son aspirantes a seguir gestionando con más de lo mismo una institución que lo que hay que hacer es, piensan, dejarla que siga su curso, el que ahora tiene, sin más cambios. Un Rector o Rectora no puede por sí mismo hacer frente al reto del cambio, pero si puede formar parte del grupo de los que estarían dispuestos a hacer algo para que en la universidad también pasara algo en esa dirección. Ojalá tuviéramos la suerte, más pronto que tarde, de que ese grupo de Rectores surgiera y se abriera el debate sobre una nueva reforma de la Universidad.

Conozco a Pilar Aranda hace tiempo y me consta que es persona sensible a estos problemas y bien pudiera ser parte de un grupo como ese. Conoce muy bien el sistema universitario español y andaluz y el sistema de I+D en el que se inserta. Es una científica que no tiene que demostrar, porque su currículo ya lo acredita, que conoce bien su profesión y ha obtenido buenos resultados en su ejercicio. Es una persona dialogante, integradora, prudente y crítica cuando trata los problemas de la institución que aspira a gobernar. Tiene esa singular mezcla de virtudes más útiles que vistosas y más propia de las mujeres que de los hombres: ser a la vez práctica e idealista; trabajadora sin malgastar innecesariamente el tiempo; con sentido común ajeno a la retórica hueca; con instinto para distinguir lo importante de lo accesorio; eficaz sin alharacas; buena en el buen sentido de la palabra buena.

¡Pilar, suerte en esta aventura!

Manuel Pérez Yruela

Nació en Pozo Alcón (Jaén) y es Profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Director entre 1991 y 2009 del Instituto de Estudios Sociales Avanzados. Se ha formado en España y en el Reino Unido, becado por la Fundación Juan March. En sus investigaciones, recogida en unas ciento cincuenta publicaciones (libros, capítulos de libros, artículos en revistas científicas, informes técnicos de proyectos de investigación) se ha interesado por temas de sociología de la ciencia y la tecnología, sociología política, estado del bienestar, teoría corporatista de las sociedades democráticas modernas y cambio y modernización social en Andalucía. Ha sido Presidente de la Federación Española de Sociología (2004-2007) y miembro del Consejo de la Asociación Internacional de Sociología y de la Asociación Europea de Sociología.

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La campaña electoral para un jubilado, por Diego Sevilla

Reflexiones sobre la UGR

15/05/2015

Granada, 8 de mayo de 2015

Todavía vivas las emociones del acto que esta mañana la UGR ha tenido con nosotros (Solemne Acto de entrega de Medallas, Menciones Honoríficas de la UGR y Premios Nacionales) quisiera asomarme a la página de la candidata a Pilar y deciros sencillamente lo que todos sabemos: la UGR es una institución magnífica y somos muy afortunados por formar o haber formado parte de ella.

También me gustaría intervenir modestamente en la campaña electoral en la que estos días está inmersa la UGR. Hay que elegir una nueva persona para el Rectorado y es muy importante elegirla bien. Una persona dispuesta a pelear con la máxima decisión por todas las innovaciones necesarias en un tiempo como el actual en el que todo cambia profunda e incesantemente. Pero también una persona capaz de mantener el espíritu y las líneas maestras que desde la democracia le han dado a la UGR la grandeza y la calidad que hoy posee.

Y esas emociones y esas ideas me llevan a decir que para mí en Pilar Aranda se hace verdad todo lo bueno que he percibido en lo mejor de la UGR.

Conozco a Pilar desde que me incorporé a la UGR, allá por el curso 1982-83. Desde entonces, en muy diferentes ambientes y circunstancias, he sido testigo de cómo es Pilar. He de decir que siempre, siempre, siempre la he visto con la máxima competencia en el trabajo; con una entrega insuperable con sus obligaciones y con las muchísimas tareas que voluntariamente asume; y con una capacidad envidiable de poner humanidad y corazón en todo y para todos.

Espero que la elijáis Rectora porque será sumamente beneficioso para nuestra Universidad y para todos y cada uno de los que estáis en ella. También porque estoy seguro que desde su puesto será lo que ha sido siempre: una persona próxima y generosa que se exigirá lo máximo para cumplir con su Universidad y que a la vez ayudará a todos los miembros de la UGR a hacer lo mejor por nuestra institución.

Diego Sevilla

Jubilado de la UGR.

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Con Pilar Aranda, por Luis García Montero

Reflexiones sobre la UGR

12/05/2015

Las personas son una referencia imprescindible en épocas de incertidumbre.

Necesitamos sentir confianza, vivir con la ilusión de que se puede creer en alguien. Respeto, admiración, honestidad, son palabras que forman parte de un vocabulario imprescindible para superar situaciones de crisis y abrir horizontes.

Esto no significa que pierdan vigencia las ideas, los valores, los programas, las apuestas ideológicas. Se trata más bien de que ideas y valores se encarnan en personas, de que programas y apuestas ideológicas tienen que ver con una trayectoria personal, con una memoria, con un testimonio.

Confío en Pilar Aranda porque la conozco desde que era una muchacha, antes incluso de que los dos entrásemos al mismo tiempo como estudiantes y luego como profesores en la Universidad de Granada. Conocer supone en este caso haber hablado mucho, haber vivido, haber compartido una ciudad que se atrevió a ser la capital cultural de Andalucía. Conocer supone también haber trabajado juntos, haber luchado por una Universidad que se decidía a abandonar los viejos resabios de la dictadura y buscaba la modernización y la vida democrática. Alumnos, profesores, personal de administración, sindicatos, partidos, apostaban por una Universidad distinta, cada cual de acuerdo con su singularidad.

Uno tiene la impresión de que el pensamiento conservador está desmantelando todo lo que se conquistó entonces. Las autoridades se atreven a afirmar que la educación pública no es sostenible y procuran convertir en un negocio la docencia, el saber, la investigación y el diálogo entre generaciones. Las autoridades agreden el contrato social quitándole sus cimientos: el contrato pedagógico, el derecho a la educación que facilita igualdad de oportunidades, las aulas que abren sus puertas para permitir la movilidad social y el desarrollo de las capacidades personales.

Por eso es más necesario que nunca unir valores democráticos y experiencia en la gestión. Eso representa para mí la profesora Pilar Aranda. Eso representa su trayectoria pública. Comparto con ellas muchas ilusiones y alguna obsesión. A los dos nos molesta la diferencia estúpida que suele hacerse entre las ciencias, la técnica y las letras, como si se tratase de mundos incompatibles. Son realidades llamadas a entenderse. Pilar conoce bien la importancia de las humanidades en el prestigio y el futuro de la Universidad de Granada, como yo conozco bien el papel que juegan las ciencias en ese mismo prestigio y ese futuro.

La verdadera batalla se da entre el saber valorado por sí mismo como valor social y el saber predeterminado por los intereses de la mercantilización. Y es muy importante que los ámbitos de gestión sean ocupados por personas de nuestra confianza para asumir entre toda la comunidad universitaria una respuesta colectiva a la degradación de la dignidad pública.

No hay docencia rigurosa cuando se borra el futuro de los alumnos. Sus necesidades y sus ilusiones son parte inseparable de nuestro saber.

La profesora Pilar Aranda representa hoy esa necesidad y esa ilusión.

Luis García Montero

Escritor y Catedrático de Literatura Española de la Universidad de Granada. Recibió en 1994 el Premio Nacional de Literatura, en 2003 el Premio Nacional de la Crítica y en el 2010 el Premio Poetas del Mundo Latino. Su último libro de creación es la novela Alguien dice tu nombre. Como ensayista, sus investigaciones se han centrado en la poesía española y latinoamericana contemporánea, con estudios sobre Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pablo Neruda, Jaime Sabines o Rubén Bonifaz Nuño.

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